domingo, 14 de abril de 2019

Carta semanal del Obispo de Lleida

Gratifica recordar lo bueno de los demás.
El recuerdo se dirige en esta ocasión a las actitudes que el papa Francisco nos marca a todos los cristianos en la Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio. Fue un documento muy bien recibido por todos los cristianos. Transmitía optimismo, transparencia, cercanía. Durante muchos meses fue un texto de cabecera que concitó la atención de responsables de grupos de estudio y formación. A algunos les servía para su lectura personal.

A todos deseo que los frutos de esta acción formativa repercutan en la propia comunidad o parroquia. Seguro que, además del bien personal que proporciona su lectura, ayudará a que la Iglesia en el momento presente sepa responder con audacia y alegría a los grandes desafíos de nuestra sociedad. No quiero pecar de reiterativo. Soy consciente de que en distintos escritos míos he aludido a esta exhortación papal y os he aconsejado su lectura. Pero tampoco podemos caer en el silencio después de haberla propuesto como guía de nuestros objetivos pastorales. Nos hemos de animar mutuamente a que sirva de reflexión y soporte para una actuación sincera y cercana al Evangelio. Más de una vez recurriré a algún párrafo del mencionado texto para señalar actitudes fundamentales que toda comunidad diocesana debe mantener. Me consta que distintos agentes de pastoral (animadores de comunidad, catequistas, educadores,  voluntarios y empleados de Cáritas, grupos de oración y liturgia, matrimonios y personas mayores...) han utilizado las orientaciones del Papa para su propia formación. Hay abundante material escrito, preparado por especialistas en los diferentes sectores pastorales, que sirve de guía de lectura, para centrar la discusión y para sacar conclusiones prácticas. Os será de mucho provecho.
Ya hace cinco años que se publicó la citada exhortación del papa Francisco como un programa de todo su pontificado. Conviene que no se olvide su impacto. Supuso un revulsivo para todos. Os ofrezco como recuerdo tres citas que ayudarán a fomentar actitudes básicas de vida cristiana:
« ... un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Recobremos y acrecen- temos el fervor, la dulce y la confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas» (núm. 10). « No hay que mutilar la integralidad del mensaje del Evangelio. Es más, cada verdad se comprende mejor si se la pone en relación con la armoniosa totalidad del mensaje cristiano» (núm. 39).
« A los cristianos de todas las comunidades del mun do quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y res-
plandeciente. Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis» (núm. 99).
Es cierto que con posterioridad se han publicado muchos escritos del Santo Padre que prolongan en el tiempo sus enseñanzas y reiteran sus convicciones. En todos ellos está presente la alegría de seguir a Jesucristo.
A pesar de las recientes dificultades que manifiesta la Iglesia ante la sociedad, del temor a perder credibilidad para explicar y vivir el mandato del Señor, de los momentos oscuros de algunos miembros del
Pueblo de Dios, necesitamos todos recuperar el aliento evangélico para anunciar lo esencial de su enseñanza. Es gratificante recordarlo para todos los cristianos de nuestra diócesis.
Con mi bendición y afecto.
† Salvador Giménez Valls
Obispo de Lleida