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domingo, 7 de mayo de 2017

Carta semanal del Obispo de Lleida

En esta Jornada eclesial de los Medios de Comunicación Social me atrevo a abordar el tema de las relaciones entre los referidos medios y la comunidad cristiana. En demasiadas ocasiones da la impresión de que se dan la espalda. O lo que es peor, se difunden sospechas sobre las intenciones del oponente. Y casi siempre resaltando lo negativo de esas intenciones. También es cierto que en el seno de ambas realidades se han levantado voces para solicitar de unos y otros mayor objetividad, transparencia, ecuanimidad y respeto a las personas. Últimamente se observa un esfuerzo creciente por acercar posturas rechazando el miedo y la acusación sin fundamento claro. Cada día se suman más personas a esa aproximación que a todos beneficia.

Renunciando a la proliferación de citas en las que se demuestra que la Iglesia tiene como finalidad fundamental el comunicar el evangelio del Señor a todos, hemos de afirmar que este objetivo es básico y el más cercano a los medios de comunicación social que cada día informan de los acontecimientos que ocurren en la sociedad. La Iglesia lo ha hecho siempre y ha utilizado los distintos medios que ha tenido a su alcance a lo largo de las distintas épocas, desde los grupos escultóricos de las fachadas de los templos hasta las pinturas de los retablos, desde el uso exclusivo de la palabra hasta los impresos en hojas dominicales o en profundos libros de estudio. También ha deseado que la prensa actual, escrita o audiovisual, le ayudara en su finalidad. Con la información y con la denuncia, con las críticas y con los parabienes. Todo favorece si se busca mejorar la sociedad y respetar la dignidad de la persona. En ese sentido estamos hermanados y, como tales, hemos de actuar. Ya son cincuenta años los que celebra nuestra Iglesia una Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Con un lema, con un mensaje del Papa, con muchos profesionales dedicados a unir tareas y esfuerzos. La fiesta de la Ascensión del Señor, un domingo de mayo, cuando Jesús manda a sus discípulos salir de Jerusalén y comunicar al mundo entero todo lo que les había enseñado. 
Para este año, por su especial significado jubilar, se ha querido unir dos palabras, comunicación y misericordia, con un añadido que lo califica: un encuentro fecundo. El mensaje del papa Francisco manifiesta claramente una voluntad por crear puentes, favorecer el encuentro y la inclusión, eligiendo palabras y gestos que ayuden a superar incomprensiones, a curar memoria herida y a construir paz y armonía. Nos invita a todos a descubrir el poder de la misericordia pensando en las personas concretas y en los pueblos. Que nuestro modo de comunicar nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo. Amonestar o denunciar pero nuestro objetivo primordial es afirmar la verdad con amor. Comunicar significa compartir y, para conseguirlo, se necesita escuchar y acoger. Que esta Jornada anual nos permita a todos profundizar en la verdad y eliminar toda sospecha insana que solemos atribuir al “otro”.
                                                       +Salvador Giménez, obispo de Lleida.