Google+ Cofradía del Cristo de la Agonía de Lleida - Semana Santa Lleida: Carta semanal del Obispo de Lleida

domingo, 30 de abril de 2017

Carta semanal del Obispo de Lleida

Dice el papa Francisco en la encíclica “Laudato Si’ “El treball és una ncessitat, sorgeix del sentit de la vida en aquesta terra, camí de maduració, de desenvolupament humà i de realització personal” (núm 128). En la misma línea publicaban una nota los obispos de la Tarraconense el pasado mes de octubre sobre el trabajo decente animando a las entidades obreras cristianas en su acción por dignificar el mundo laboral. Tal vez es un buen momento, el día 1 de mayo, para recordar la gran problemática del trabajo, del paro y de las responsabilidades que debe asumir cada grupo social. Por supuesto todo ello desde la óptica cristiana.
            En un reciente estudio de la pastoral obrera se reflexionaba sobre la situación actual del trabajo en Cataluña y, a pesar de la recuperación económica y la disminución del paro, de las muchas familias que quedan con gran parte de sus miembros en situación muy precaria o con unas condiciones de trabajo no
demasiado dignas. Se hablaba de la necesidad de un trabajo decente para la persona y para la sociedad y para explicar este concepto se recurría a unas palabras del papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in Veritate (63) que decía que el trabajo “sigui una expressió de la dignitat esencial de tot home o dona… lliurement elegit… que associi als treballadors al desenvolupament de la seva comunitat… i que tots siguin respectats… evitant tota discriminació… que permeti satisfer les necessitats de les fam´´ilies i escolaritzar els fills…” Es un buen resumen que a todos nos interpela y nos pone ante el espejo de nuestra responsabilidad. Nos lo recodaba ya el Concilio Vaticano II, en la constitución Gaudium el Spes, núm 26, “El treball és un dret fonamental i un bé per a la persona humana”. Desde estas consideraciones se hace una llamada a las instituciones políticas, económicas y sociales para que se busquen soluciones dignas para todos como un claro compromiso a favor del bien común.
            Es una jornada con una larga historia a sus espaldas. El sistema socioeconómico que se asentó en el mundo occidental en los inicios de la llamada revolución industrial provocó excesos de presión sobre el factor humano (las personas) en beneficio del factor económico (el capital) y explotó con la condena a prisión o a muerte de un grupo de obreros tras una huelga por reclamar reducción de la jornada laboral a ocho horas (Chicago 1886). Años después y en recuerdo de aquellos compañeros se instituyó esta jornada del trabajo en la que las reivindicaciones laborales varían según las épocas con la pretensión de que las personas sean el centro y lo más importante en el sistema creado. Por supuesto que siempre habrá peticiones de mejora, siempre existirá la exigencia por la dignidad humana en el mundo del trabajo, siempre se tratará de solicitar nuevas condiciones laborales, la conciliación familiar y, sobre todo, la lucha por la igualdad económica.
            Los cristianos no podemos permanecer al margen de estas exigencias ofreciendo las palabras y gestos de Jesús de Nazaret como un modelo de relaciones humanas, basadas en el respeto, el diálogo, el encuentro fraterno y la solidaridad. Y eso mismo debe llegar también al ámbito de las relaciones laborales donde la defensa de los más débiles no puede ser nunca olvidada.
            Hay en la actualidad un sector grande con trabajo precario. Pero es mucho más sangrante contemplar el sector de los parados o el gran mundo de las personas migradas con unas circunstancias nefastas para su supervivencia o la inmensa masa social de los países pobres con las indignas condiciones laborales, sobre todo de los niños y de las mujeres. Los cristianos deseamos que quienes tengan trabajo, sin olvidar sus justas peticiones, pongan en un lugar preferente de sus reivindicaciones a los grupos más débiles de nuestra sociedad. Que sean solidarios con los que más sufren en este contexto social. También la Iglesia recuerda que todos, especialmente los responsables sociales, deben luchar por eliminar las injustas y crecientes desigualdades que se presentan y que oprimen a grandes sectores de nuestro mundo actual.
                                                        + Salvador Giménez, bisbe de Lleida