domingo, 20 de enero de 2019

Carta semanal del Obispo de Lleida

La escuela. Lugar de encuentro (I)
Queridos diocesanos:
En dos anteriores glosas escribí sobre la familia, con motivo de la fiesta de la Sagrada Familia y sobre la infancia, con motivo de la fiesta de los Reyes Magos. Muchas veces hemos abordado el tema de la parroquia como lugar privilegiado para la educación de la fe. Hoy quiero referirme al tercer ámbito que dedica sus esfuerzos a la educación, la escuela.
La escuela es, como una primera afirmación general, una institución tremendamente importante para la sociedad y, por supuesto, fundamental para niños y jóvenes. En los dos últimos siglos ha crecido en valoración positiva para todos y ha habido, a pesar de las carencias que todavía hoy existen, una gran preocupación por parte de los poderes públicos y las instituciones sociales en elevar y mejorar el ser vicio de la educación destinando muchos recursos a conseguir los objetivos que la propia sociedad demandaba. Entiendo por escuela en un sentido amplio, desde los niveles primeros, cuando aprendemos a ver el mundo y nos familiarizamos con los compañeros, las letras y los números, hasta los niveles universitarios, cuando la autonomía del individuo es razonablemente completa y dedica su tiempo a la investigación y a los avances científicos. 
No podemos olvidar que la institución escolar es el lugar de la cultura, de la ciencia y del arte y afecta a todos los contenidos del saber humano que hemos recibido de las generaciones anteriores para que, con esfuerzo y dedicación, pueda ser transmitido a los siguientes grupos humanos. Conocimientos y valores, actitudes y capacidades... son objeto de educación para que el horizonte humano sea cada día más beneficioso y solidario. 
La función escolar es también indispensable para una pertinente socialización del individuo. 
Hoy quiero tratar sólo de los niveles educativos no universitarios. Me parece que es una preocupación más generalizada y se ajusta mejor al objetivo de este escrito. Todas las familias están implicadas y siempre existe inquietud cuando la escuela no responde a lo que cada uno tenía programado. Es cierto que en la actualidad, nuestra sociedad ha conseguido universalizar la enseñanza hasta límites realmente valiosos. Y eso es motivo de congratulación. Todo el mundo tiene una plaza escolar hasta los dieciséis años; debe ocupar un sitio en la primaria y secundaria obligatoria y existe una atención preferente a la llamada formación profesional que prepara para el desempeño de una profesión digna. A pesar de todos los avances hay siempre en el ambiente un ánimo reivindicativo para mejorar cada día más las condiciones en los que se desenvuelve el mundo escolar. 
En estos últimos meses se han multiplicado las noticias sobre enseñanza, desde los comentarios de las más altas autoridades educativas hasta las indicaciones de cualquier director de centro. Han sido objeto de artículos periodísticos y de comentarios de café. Es un tema que apasiona y que, muchas veces, enfrenta a distintos grupos humanos por sus convicciones ideológicas, religiosas o culturales. Nos parece que nuestra solución es la adecuada y rechazamos, sin escuchar, los argumentos de otras propuestas. Todos abogan por un pacto educativo para dar estabilidad al período de formación que olvidan cuando se hacen con las riendas de poder. Da la impresión que la escuela es un lugar de lucha y de consecución de cuotas de poder. Se habla siempre de servicio pero se actúa como en un combate. Además, cualquiera se encuentra capacitado para dar su opinión, se considera un experto, tanto o más que el profesional y, en ocasiones se busca la disputa, la diferencia y el enfrentamiento. Completaremos esta reflexión la próxima semana.
Con mi bendición y afecto.
† Salvador Giménez Valls
Obispo de Lleida